Huyendo de mi antiguo amo, que andaba tras mi pista, me convertí en emigrante. Y salté el pequeño charco (el grande es el Atlántico, así que el Cantabrico será el pequeño) buscando refugio en la pérfida Albión.
Mi primera visita decidí que sería a la reina, ¡God save the Queen! Le pediría a ella directamente asilo político. Pero las verjas y los serios guardas que protegian su palacio me hicieron pensar que sería una labor dificil.
Así que busque a un guía local que me prometió una entrevista con la reina a cambio de dinero. En la foto me veis con el susodicho guía a las puertas de Buckinghan.
Pero realmente yo no tenía dinero para darle. No soy rico. Y en ese momento, antes de entrar al palacio, me pidió que le pagara. Al confesarle que no podía, muy amablemente me dijo donde podía irme.



No hay comentarios:
Publicar un comentario