Tras mucho insistir, los traviesos muchachos me guiaron al Templo más sagrado de Irlanda. Solo los irlandeses de sangre más pura y algunos elegidos tan afortunados como yo tienen acceso a este sacrosanto lugar.
Y eso es todo lo que puedo decir, porque no recuerdo nada de lo que sucedió ahí dentro. Creo que me echaron droja en el cola cao que me tome.

