Como las cartas que envié no parecían tener respuesta, decidí personarme directamente en la oficina de correos de Stanley, para mostrar mi más enérgica repulsa ante el deficiente servicio postal de la isla.
El funcionario de turno me dijo que era normal que nadie respondiera a mis cartas, ya que las enviaba sin sello y con la dirección incompleta. Vamos, que me dio las típicas excusas de funcionario que trata de justificar su ineptitud culpando al honrado ciudadano.
En la foto podeis verme a punto de entrar en la susodicha oficina.


