La idea de volver andando a España no fue tan brillante como pensaba, ya que estaba en una isla, y el agua del mar océano podía dañar mis aterciopeladas hojas.
Así que decidí pedir ayuda a la madre patria por medio del correo ordinario.
Aquí me veis junto a un buzón, pidiendo dinero para un sello (y para un sobre, un folio, un bolígrafo...).


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