jueves, 4 de septiembre de 2008

Dublín 02

Mi contacto con la negra y espumosa bebida irlandesa fue un desastre. Gasté indefectiblemente mis escasos ahorros en la taberna, en noches de etílica inconsciencia.
Desesperado por la situación, pensé en recurrir a drásticos métodos. ¡Robar el banco nacional de Irlanda!
Afortunadamente justo delante de su puerta, un joven muchacho impidió que cometiera tal locura, y me prestó unas monedas que por supuesto gasté en la taberna.

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